Margot Robbie y Jacob Elordi en Wuthering Heights: ¿Vale la Pena Verla?

La llegada de una nueva adaptación de Wuthering Heights siempre genera una mezcla de expectación y temor entre los amantes de la literatura. Sin embargo, la versión de 2026, dirigida por Emerald Fennell (responsable de Saltburn y Promising Young Woman), ha llevado esta polarización a un nivel completamente nuevo. Desde que se anunció el casting de Margot Robbie y Jacob Elordi, las redes sociales no han dejado de arder. ¿Es esta una visión revolucionaria de la toxicidad romántica o simplemente un ejercicio de estilo vacío que “escupe en la cara” al material original?

Aquí un vistazo a la película en su tráiler.


Una estética “agresivamente provocadora”

Lo primero que salta a la vista al entrar en el mundo de Fennell es que no estamos ante una pieza de época tradicional. Fennell ha optado por un enfoque donde la fidelidad histórica se sacrifica en el altar de la provocación estética. La película desborda estilo; es, según algunos críticos, una “Barbie Dreamhouse gótica” donde los escenarios son inmersivos y los vestuarios de Jacqueline Durran resultan extravagantes y hermosos.

La cinematografía de Linus Sandgren logra capturar la belleza tormentosa de los páramos de Yorkshire, utilizando una iluminación natural que recuerda a clásicos como Barry Lyndon. Sin embargo, este despliegue visual viene acompañado de una banda sonora moderna a cargo de Charli XCX, lo que genera una yuxtaposición que busca emular el efecto de películas como The Great Gatsby de Baz Luhrmann.


El dilema del casting: ¿Demasiado mayores para el papel?

El punto más controvertido de la producción es, sin duda, la elección de sus protagonistas. Margot Robbie, aunque entrega una actuación llena de energía, se enfrenta a la crítica de ser demasiado mayor para el papel. La Catherine de la novela es una adolescente de entre 16 y 19 años, cuya inmadurez y “capricho juvenil” son motores clave de la tragedia. Ver a una mujer de 35 años interpretando esta ingenuidad destructiva resulta, para muchos, poco auténtico y “fuera de lugar”.

Lo mismo ocurre con Jacob Elordi, cuya presencia física imponente encaja con la imagen del Heathcliff adulto y vengativo, pero no con la del niño marginado y vulnerable que la novela construye con tanto cuidado. Ambos actores irradian carisma, pero hay momentos en que la madurez de sus rostros y cuerpos traiciona la ingenuidad que sus personajes deberían encarnar.

wuthering heights

Lo que sí funciona: actuaciones secundarias y el problema de la empatía

Confieso que no conozco la novela en profundidad, pero eso no impidió que notara algo fundamental: ninguno de los dos protagonistas es una persona redimible. Y esa es, precisamente, su mayor limitación narrativa. Sin un personaje al que anclar la empatía, la conexión emocional con el espectador se queda en la superficie —una superficie que, hay que reconocerlo, es visualmente espléndida.

Porque Elordi y Robbie tienen una química devastadora. Sus escenas juntas arden, y logran personificar la pareja tóxica en su expresión más pura y más perturbadora. El problema es que la atracción física, por intensa que sea, no sostiene dos horas de metraje por sí sola. Cuando la película termina, uno sale con la sensación de haber presenciado algo visualmente hermoso, pero completamente vacío.

Las actuaciones secundarias son, para muchos, lo mejor de la cinta:

  • Hong Chau como Nelly ofrece una interpretación contenida, mostrando una rabia latente bajo una superficie maternal, aunque su papel ha sido modificado significativamente.
  • Allison Oliver como Isabella Linton logra capturar una inocencia que se torna oscura, aportando un “toque desviado” a su infatuación por Heathcliff que casi le roba el protagonismo a Robbie.
  • Shazad Latif como Edgar Linton, aunque su personaje queda algo desdibujado por el guion, entrega una actuación fenomenal representando la envidia y el anhelo de un hombre que ama a la persona equivocada.

El marketing de la “showmance”

Un aspecto que no ha pasado desapercibido es la agresiva campaña de marketing. Los actores han participado en lo que se denomina “showmance”, insinuando una relación o tensión real fuera de cámaras para alimentar el interés por la película. Desde anécdotas sobre flores enviadas en San Valentín hasta declaraciones de Robbie diciendo que se siente “como una niña sin su manta de consuelo” cuando Elordi no está cerca, la promoción ha intentado vender una historia de amor romántica que contradice la naturaleza destructiva y abusiva de los personajes originales.

Esta estrategia revela una tensión profunda en el corazón del proyecto: la película quiere ser consumida como un romance apasionado, pero el material fuente es, en esencia, una historia de destrucción mutua. Vender a Kathy y Heathcliff como una pareja aspiracional no es solo un error de marketing, es una distorsión del mensaje.


¿Es Wuthering Heights una película feminista?

La crítica se divide en este punto. Algunos sugieren que Fennell trata a las mujeres como personas complejas y reales, explorando el “aburrimiento desesperado” de una mujer de la época que no tiene permitido trabajar ni salir de su entorno social, convirtiéndose en una especie de prisionera o muñeca. En este sentido, la película podría verse como parte de una “revolución femenina en Hollywood”, liderada por Robbie y Fennell, que crea blockbusters diseñados específicamente para el interés femenino, similares al fenómeno de Barbie.

Sin embargo, otros argumentan que la película romantiza el abuso. Al presentar un vínculo traumático entre dos personas rotas como algo sexi y deseable, Fennell podría estar enviando un mensaje irresponsable sobre las relaciones tóxicas. La línea entre explorar la toxicidad y glorificarla es delgada, y esta película no siempre sabe en qué lado está parada.


Veredicto final

Wuthering Heights (2026) es una obra divisiva por diseño. Si buscas una adaptación fiel que respete el peso temático de Brontë sobre la venganza, el trauma generacional y la destrucción de clase, esta película te hará querer “arrancarte el pelo”. Es una versión que sacrifica la sustancia por la estética, que prefiere el escándalo a la profundidad, y que recorta precisamente aquellas partes de la novela que le darían un verdadero peso emocional.

No obstante, si puedes separar la película del libro y verla como un drama romántico independiente, encontrarás una obra visualmente asombrosa, con una dirección de arte de nivel Oscar y una pareja protagonista que exhala carisma. Es una película que te hará llorar —lágrimas elegantes, no el “llanto feo”— y que te mantendrá enganchado por su puro exceso visual. Como contemplar una tormenta detrás de un cristal: impresionante, pero sin mojarse.


Calificación:

La cinematografía y los visuales merecen un sólido 8 de 10: Linus Sandgren entrega imágenes que se graban en la retina, con una paleta de colores y una luz natural que convierten cada fotograma en un cuadro. La historia, sin embargo, se queda en un 3 de 10. Al eliminar la segunda mitad de la novela y reducir todo a una obsesión tóxica sin mayor profundidad, Fennell sacrifica el alma de Brontë en el altar de la estética.

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