10Dance: un drama BL entre el ballroom y lo latino

La espera terminó para los seguidores del Boys’ Love (BL) y del drama romántico japonés. 10Dance llega a Netflix como la esperada adaptación cinematográfica del manga de Sato Inoue, una obra que desde su publicación se ganó un lugar especial entre los fans por combinar erotismo, competencia y sensibilidad emocional. Dirigida por Keishi Otomo, la película se enfrenta a un reto complejo: condensar una historia intensa y prolongada en apenas dos horas, sin perder la esencia que convirtió al manga en un fenómeno. El resultado es una propuesta elegante, provocadora por momentos y contenida en otros, que apuesta más por la estética y la tensión que por la explosión emocional total.

Desde sus primeros minutos, 10Dance deja claro que el baile no es solo espectáculo, sino lenguaje corporal y metáfora de identidad. La cinta se mueve entre el rigor técnico del ballroom y la pasión visceral del baile latino, utilizando cada estilo para definir a sus protagonistas y el choque inevitable entre sus mundos.

Aquí compartimos su tráiler.

Una premisa construida desde el contraste

La historia gira en torno a dos bailarines de élite con nombres casi idénticos, pero trayectorias y personalidades opuestas. Shinya Suzuki, interpretado por Ryoma Takeuchi, es el campeón japonés de bailes latinos. Su estilo es instintivo, sensual y desinhibido. En la pista domina disciplinas como la samba, la rumba y el pasodoble con una naturalidad que parece innata. Suzuki baila como vive: sin pedir permiso y dejándose llevar por el ritmo.

En contraste absoluto está Shinya Sugiki, encarnado por Keita Machida. Especialista en ballroom estándar, Sugiki es un perfeccionista obsesionado con la técnica. Ha llegado a ocupar el segundo lugar a nivel mundial, pero su rigidez emocional y su necesidad de control parecen ser el obstáculo que le impide alcanzar el primer puesto. Donde Suzuki fluye, Sugiki calcula. Donde uno seduce, el otro se protege.

El punto de unión entre ambos es la exigente competencia conocida como el 10 Dance, una prueba extrema que obliga a los participantes a dominar diez estilos de baile en una sola jornada. Cinco latinos y cinco estándar, hasta cuarenta canciones seguidas, sin margen para el error. Para poder competir, ambos necesitan aprender el terreno del otro. Así nace un acuerdo de entrenamiento mutuo que rápidamente evoluciona hacia una relación cargada de tensión sexual, admiración y conflicto emocional.

La química como motor narrativo

Uno de los mayores aciertos de 10Dance es su dupla protagónica. Ryoma Takeuchi aporta a Suzuki una presencia magnética. Su lenguaje corporal transmite seguridad y deseo incluso en silencio. Hay escenas tempranas, como una clase improvisada de baile latino con el torso descubierto, que funcionan como una declaración de intenciones: esta es una historia donde el cuerpo habla tanto como las palabras.

Keita Machida, conocido por su trabajo previo en Cherry Magic, construye a Sugiki desde la contención. Su actuación se apoya en gestos mínimos, miradas prolongadas y silencios incómodos. Machida logra mostrar la vulnerabilidad de un hombre que ha construido su vida desde la disciplina, pero que comienza a resquebrajarse ante una emoción que no puede controlar. Aunque en algunos momentos su interpretación se siente más fría de lo necesario, esa misma distancia refuerza el conflicto interno del personaje.

Las parejas de baile secundarias, Aki Tajima y Fusako Yagami, interpretadas por Shiori Doi y Anna Ishii respectivamente, aportan equilibrio a la narrativa. Sus apariciones, aunque limitadas, ayudan a contextualizar el mundo competitivo del baile y a humanizar a los protagonistas fuera del romance central.

Dirección y estética: el baile como arte visual

Keishi Otomo dirige 10Dance con una clara intención de elevar el material a un plano casi artístico. La cinematografía cuida cada encuadre, cada movimiento y cada transición. Las coreografías están filmadas con una elegancia que busca transmitir sofisticación, aunque no siempre permite apreciar el baile en su totalidad.

El contraste visual es constante. Ballroom se presenta como un universo de lujo, trajes a medida y restaurantes exclusivos. El baile latino, en cambio, se asocia con espacios más abiertos, bares cubanos y ambientes comunitarios. Incluso los hogares de los protagonistas reflejan estas diferencias: el apartamento amplio y casi clínico de Sugiki frente al hogar caótico pero cálido de Suzuki, rodeado de una comunidad viva y ruidosa.

Estos elementos convierten al entorno en un personaje más, influyendo directamente en la forma en que ambos entienden el éxito, el deseo y la conexión humana.

Una adaptación con decisiones arriesgadas

Como toda adaptación, 10Dance toma libertades respecto al manga original. La ausencia del padre de Suzuki, por ejemplo, redefine su trasfondo y lo presenta como un personaje más independiente. También se reduce considerablemente el humor característico del manga, apostando por un tono más serio y realista.

Un detalle curioso es la ambientación navideña de varias escenas clave. Árboles de Navidad y celebraciones invernales rodean momentos importantes del desarrollo emocional de los protagonistas, aportando una atmósfera casi de milagro romántico que suaviza el tono general del film.

Los puntos débiles de la propuesta

A pesar de sus virtudes, 10Dance no logra mantener el mismo nivel de intensidad durante toda su duración. Uno de los problemas más señalados es el uso excesivo de narración en off y diálogos explicativos. En lugar de permitir que el baile y las miradas comuniquen el conflicto interno, el guion insiste en verbalizar emociones y conceptos artísticos, rompiendo el ritmo narrativo.

También existe una sensación de contención excesiva en el desarrollo del romance. Aunque la química está presente, algunas escenas de intimidad carecen de la pasión que la historia promete. Esto se vuelve más evidente en la segunda mitad, cuando las competiciones toman protagonismo y el relato pierde parte de su carga emocional.

Finalmente, el montaje de las rutinas de baile recurre a cortes rápidos y primeros planos constantes. Si bien esto mantiene la energía visual. También impide disfrutar plenamente de la coreografía y del esfuerzo físico de los actores.

Veredicto final

10dance poster

10Dance es una película elegante, ambiciosa y visualmente atractiva. No alcanza el “10 perfecto” que su título sugiere, pero ofrece una experiencia sólida para los fans del BL. Su mayor fortaleza reside en la química de sus protagonistas y en la forma en que utiliza el baile como metáfora de deseo y transformación personal.

Es una historia que comienza con la precisión de un vals y coquetea con la intensidad de una rumba. Aunque nunca se entrega por completo al caos de la pasión. Aun así, el viaje emocional y estético que propone vale la pena. Incluso dejando abierta la posibilidad de una secuela que explore con mayor riesgo y profundidad la relación entre estos dos bailarines destinados a encontrarse en la pista… y fuera de ella.

10Dance marca una apuesta clara de Netflix por el género BL, consolidando su presencia en un movimiento que no deja de crecer a nivel global. En los últimos años, el BL ha ganado fuerza con propuestas sólidas como Hidden Rivalry, demostrando su capacidad para contar historias maduras y atractivas. Esta producción refuerza esa tendencia y deja la expectativa de que Netflix continúe invirtiendo en títulos de mayor calidad y ambición dentro del género.

Calificación: 7 de 10

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