Hay proyectos cinematográficos que llegan para entretener y hay proyectos que llegan para transformar. “Porto Rico”, el ambicioso largometraje que reúne por primera vez a René “Residente” Pérez Joglar y Benito Antonio Martínez Ocasio “Bad Bunny“, parece pertenecer inequívocamente a la segunda categoría. No se trata simplemente de que dos de los artistas más influyentes de la cultura latina contemporánea hayan decidido cruzar sus caminos creativos; se trata de que lo hayan hecho para contar una historia que, según ellos mismos, lleva demasiado tiempo esperando ser contada con la dignidad que merece.
El anuncio ha sacudido a la industria del entretenimiento global. Y con razón.
El sueño de Residente toma forma
René Pérez Joglar no necesita presentación en el mundo de la música. Con 34 premios Grammy y Latin Grammy acumulados a lo largo de su carrera, es una de las figuras más reconocidas y respetadas del panorama urbano y alternativo latinoamericano. Sin embargo, detrás del artista multipremiado siempre existió un sueño que la música, por sí sola, no podía completar: el de contar la verdadera historia de Puerto Rico desde la pantalla grande.
“Porto Rico” representa ese sueño hecho realidad. Para Residente, este largometraje es su debut como director de cine y, según sus propias palabras, una “carta de amor” a su isla natal. No una carta nostálgica ni condescendiente, sino una carta honesta, visceral y necesaria sobre una historia que, como él mismo reconoce, siempre ha estado rodeada de controversia y ha sido sistemáticamente silenciada o distorsionada.
Para dar forma narrativa a esa visión, Residente no trabajó solo. Coescribió el guion junto a Alexander Dinelaris, el guionista ganador del Oscar conocido por su trabajo en “Birdman”. La combinación de la voz poética y combativa de Residente con la arquitectura dramática de Dinelaris augura una historia que no se limitará a ilustrar el pasado, sino que lo hará vibrar con urgencia contemporánea.

Bad Bunny da el salto definitivo
Benito Martínez Ocasio ya había asomado su cabeza al mundo del cine con apariciones en producciones como “Bullet Train” y próximamente se le verá en “Happy Gilmore 2” y “Caught Stealing”. Pero “Porto Rico” representa algo cualitativamente diferente: su primer papel protagónico en el cine y en una producción de esta envergadura.
El momento no podría ser más propicio. Bad Bunny acaba de protagonizar uno de los espectáculos de medio tiempo más comentados en la historia del Super Bowl, compartiendo escenario con Lady Gaga y Ricky Martin en una actuación que desbordó los límites del deporte y se instaló en el centro del debate cultural global. Las búsquedas de vuelos hacia Puerto Rico aumentaron un 245% en plataformas como Expedia tras esa presentación, lo que da una idea del poder de convocatoria que este artista ejerce sobre millones de personas alrededor del mundo.
Esa capacidad para mover masas, combinada con un vínculo emocional auténtico con la historia de su isla, hace de Bad Bunny una elección que trasciende lo comercial. Residente y él son, según quienes los conocen, “espíritus afines”: dos boricuas criados en contextos distintos pero unidos por el mismo amor incondicional a Puerto Rico y por un compromiso genuino con el activismo social. Esa complicidad, esa tensión compartida entre rabia y orgullo, entre herida y esperanza, es exactamente el combustible que una historia como esta necesita.

Una trama anclada en la historia real
Los detalles de la trama se mantienen bajo reserva, pero lo que se conoce es suficiente para encender la imaginación. El guion original de Residente y Dinelaris se centra en la figura de José Maldonado Román, el revolucionario puertorriqueño conocido como “Águila Blanca”. La historia, ambientada a finales del siglo XIX, sigue a este líder carismático y aguerrido que comandaba una banda de exconvictos en una lucha frontal contra el colonialismo, buscando vindicar la identidad de Puerto Rico como nación soberana en un momento en que las potencias externas disputaban su destino.
El propio título del filme funciona como una declaración de intenciones. “Porto Rico” es la grafía anglicizada que Estados Unidos impuso oficialmente a la isla entre 1900 y 1932, una imposición que iba mucho más allá de la ortografía: era un intento de borrar el nombre español, de colonizar hasta el lenguaje. Que la película adopte ese nombre no es una capitulación ante esa historia, sino una confrontación directa con ella. Es recuperar la herida para examinarla a la luz, sin eufemismos ni coartadas.
La película ha sido descrita como un “western caribeño” y la etiqueta resulta tan provocadora como exacta. Evoca la épica del género, sus paisajes áridos y sus dilemas morales absolutos, pero los traslada al Caribe y los carga con una densidad histórica y política que los westerns convencionales rara vez se atreven a abordar.
Un elenco que desafía las expectativas
Si la propuesta artística ya era impresionante, el reparto confirmado la convierte en un acontecimiento sin precedentes. Junto a Bad Bunny actuarán Viggo Mortensen, conocido por su trabajo en “Eastern Promises” y “Captain Fantastic”; Edward Norton, protagonista de clásicos como “American History X”; y Javier Bardem, el oscarizado actor español que inmortalizó al implacable Anton Chigurh en “No Country for Old Men”.
Lo que hace aún más notable esta convocatoria es que tanto Norton como Mortensen, quien vivió varios años en Argentina, son bilingües en español. No habrá distancias lingüísticas ni traducciones que amortigüen la intensidad de las actuaciones; habrá actores de primer nivel habitando la historia desde adentro, con toda la autenticidad que eso implica.
Norton, que además participa como productor a través de su compañía Class 5 Films, ha comparado la magnitud de la historia con obras monumentales del cine como “El Padrino” y “Gangs of New York”. Ha señalado que la película obligará al espectador a enfrentarse a la “historia en la sombra” que subyace a la narrativa estadounidense de idealismo y progreso. Y para describir la reunión de Residente y Bad Bunny en este proyecto, recurrió a una imagen que lo dice todo: es “como una llama encontrando un palo de dinamita que ha estado esperando por ella”.
Una maquinaria de producción a la altura
Detrás de la cámara, el proyecto cuenta con una infraestructura igualmente poderosa. El cineasta mexicano Alejandro G. Iñárritu, cuatro veces ganador del Oscar y uno de los directores más influyentes de su generación, se desempeña como productor ejecutivo. Su presencia no es decorativa: Iñárritu conoce como pocos el reto de construir cine latinoamericano con ambición global sin sacrificar la identidad en el proceso.
La producción corre a cargo de 1868 Studios, la empresa fundada por Residente en alianza con Sony Music Latin-Iberia, cuyo nombre hace referencia precisamente al Grito de Lares, el levantamiento independentista puertorriqueño de 1868. La elección no es casual: cada elemento de este proyecto parece pensado para anclar la historia en su contexto y reivindicar la memoria colectiva. Live Nation Studios, Noah Assad —manager de Bad Bunny— y el productor Scott Budnick completan el respaldo financiero y estratégico de la producción.
Una declaración de soberanía cultural
“Porto Rico” llega en un momento en que la identidad puertorriqueña ocupa un lugar privilegiado en la conversación global, impulsada en buena medida por el fenómeno cultural que representan sus dos protagonistas. Pero la película no pretende simplemente capitalizar ese momento: pretende profundizarlo, darle raíces, recordarle al mundo —y a los propios boricuas— de dónde viene esa fuerza y a qué precio fue conquistada.
Es, en el sentido más pleno del término, una declaración de soberanía cultural. No la soberanía que se firma en un tratado, sino la que se ejerce cuando una comunidad toma las riendas de su propia narrativa y la cuenta con sus propias palabras, su propio dolor y su propio orgullo.
Con el talento artístico de Residente, el magnetismo arrollador de Bad Bunny y el respaldo de algunos de los nombres más importantes del cine mundial, “Porto Rico” tiene todo para convertirse en uno de los grandes hitos del cine latinoamericano. La temporada de premios de 2026 ya tiene su candidato más esperado. Y la isla, su carta más ambiciosa.