Hay películas que entretienen. Hay películas que impresionan. Y luego hay películas que te cambian, que te dejan pegado a la pantalla sin poder soltar el alma hasta que ruedan los créditos. Becoming Vera es de esa última categoría.
Ambientada en la vibrante ciudad de Miami, la película sigue a Vera, una joven de 18 años con un talento innato para el piano y el latin jazz. Pero Vera no tiene nada fácil: acaba de salir del sistema de crianza temporal sin una familia que la respalde, sin recursos y con sueños que parecen demasiado grandes para alguien en su situación. Cuando consigue un trabajo pintando las paredes de un nuevo estudio de música, aprovecha la oportunidad para tocar frente a Héctor, el productor musical. Él reconoce su talento, le da una oportunidad… y luego le roba su composición.
Lo que viene después es una historia de resiliencia, autoconfianza y la búsqueda de la propia voz, no solo musical, sino humana. Tuve la oportunidad de hablar con Sergio Vizuete, el director y guionista detrás de esta joya cinematográfica, y lo que me compartió hizo que valorara aún más la película.
Del Cortometraje al Largometraje: Un Salto al Vacío
Sergio Vizuete no llegó al cine de la manera convencional. Viene de la publicidad, los videos musicales y los cortometrajes, un camino que, según él mismo, lo preparó más de lo que imaginaba para dirigir su primer largometraje. La oportunidad llegó casi por casualidad, como suelen llegar las grandes oportunidades cuando uno está listo para recibirlas.
“Todas las piezas se cayeron donde tenían que caer”, me dijo con una sonrisa honesta. En el Festival de Burbank conoció a las productoras que finalmente llevarían el proyecto a la pantalla grande. Ellas le preguntaron si tenía algo escrito. Sergio dijo que sí, aunque en ese momento apenas tenía un borrador a medias. La presión creativa hizo el resto.
Lo que a muchos podría parecer un riesgo enorme, para Sergio fue la confirmación de que estaba listo. Todo lo que había hecho antes, el control del set, el manejo del equipo y de los actores, le había dado las herramientas necesarias. “Fue un salto al vacío, atreverse, pa’lante y nada, sin mirar atrás”, afirmó.
Un Guion Que Es Casi una Terapia Personal
Una de las cosas que más me impactó de Becoming Vera es la profundidad de su guion. No es solo una historia de superación: es una historia que entiende desde adentro cómo piensan, sienten y sobreviven los jóvenes que crecen sin una red de apoyo. Y eso no es casualidad.
Sergio me confesó que la historia es profundamente personal. “Hay cosas que le pasan a Vera que a mí me han pasado, pero fundamentalmente, sentimientos que Vera tiene, que yo los he tenido en muchas ocasiones”, explicó. Escribir el guion fue, según sus palabras, casi una terapia: las palabras salieron a borbotones una vez que se puso a escribir con honestidad.
Aunque Vera es una pianista de latin jazz, su historia es extrapolable a cualquier creativo que haya sentido que el mundo no está preparado para su talento, o peor, que alguien quiere aprovecharse de él. El villano de la historia, Héctor, es de esos personajes que uno termina odiando con una intensidad que solo provocan los más bien construidos. No es malvado por el gusto de serlo: es el reflejo de un sistema que explota a los vulnerables.
La Música: El Alma de la Película
Si hay algo que distingue a Becoming Vera del resto de las películas de este año, es su banda sonora. El latin jazz que recorre cada escena no es un adorno: es el lenguaje emocional de Vera, su voz cuando las palabras no alcanzan.
El responsable es Pancho Burgos-Goizueta, compositor español radicado en Los Ángeles y amigo de Sergio desde hace 15 años. Su proceso de colaboración fue tan orgánico como emotivo: se enviaban canciones mutuamente para describir sentimientos. Llegaron a compartir hasta flamenco, un género lejano al latin jazz, solo para que el otro entendiera exactamente qué emoción se necesitaba en determinada escena.
“Creamos una lista en YouTube que compartíamos”, recordó Sergio. Ese intercambio musical, íntimo y creativo a la vez, se tradujo en una partitura que literalmente le da alma a la película. Si escuchas la música sin ver las imágenes, ya te emocionas. Si la escuchas mientras ves a Vera tocar el piano, es imposible no sentir un nudo en la garganta.

Raquel Lebish: El Flechazo que lo Cambió Todo
Encontrar a la actriz capaz de cargar con el peso emocional de Vera no fue tarea fácil. Sergio recibió más de 4.000 solicitudes para todos los personajes. Pero cuando vio a Raquel Lebish, fue lo que él mismo describió como un flechazo inmediato, tan fuerte que hasta le dio desconfianza.
“Me dio miedo”, admitió entre risas. “Dije, ¿estás seguro? No, espérate, sigue viendo.” Pero cada escena adicional que le pedía leer, Raquel la confirmaba más. Lo que Sergio vio en ella desde el primer instante fue una madurez poco común y, sobre todo, una forma de interpretar a Vera sin caer en el tono de “pobrecita”.
Y ese detalle es crucial para entender la película. Vera no se ve a sí misma como víctima. Sigue adelante, tropieza, llora, pero no se detiene a pedir lástima. Eso es precisamente lo que la hace tan poderosa como personaje y tan difícil de olvidar como historia.
El Cine que Necesitamos
En Puerto Rico, como en toda Latinoamérica, estamos viviendo un momento dorado del cine local. Jóvenes que toman cámaras pierden el miedo y se atreven a contar historias que importan. Becoming Vera encaja perfectamente en ese espíritu, aunque su origen sea español y su escenario sea Miami.
Nos encantan las películas de superhéroes y de acción, claro que sí. Pero de vez en cuando necesitamos una historia que nos recuerde por qué vale la pena luchar por los sueños. Que los jóvenes talentosos merecen oportunidades reales y que la música, el arte y la creatividad son formas legítimas y poderosas de sobrevivir en este mundo.
Becoming Vera es, sin duda alguna, una de mis películas favoritas de este año. Véanla. Hablen de ella. Compártanla. Este es exactamente el tipo de cine que merece encontrar a su audiencia.