The Furious: el festín de violencia que redefine el cine de acción | Reseña

Si buscas una descarga pura de adrenalina, corre a la sala de cine más cercana que proyecte The Furious, la obra maestra dirigida por Kenji Tanigaki que ya se perfila, indiscutiblemente, como la mejor película de acción de 2026. Aunque el año apenas ha recorrido su primera mitad, resulta difícil imaginar que otra producción logre igualar la energía bruta, la brutalidad visual y la precisión técnica que Tanigaki ha desplegado en esta cinta. Con comparaciones inevitables con hitos del género como The Raid y The Night Comes For Us, The Furious parece, por momentos, estar inventando un lenguaje cinematográfico completamente nuevo, lanzando una secuencia de acción demencial tras otra directamente a la cara del espectador.

Tráiler

Una premisa sencilla, un escenario brutal

La película, una producción panasiática con raíces en Hong Kong, se desarrolla bajo una premisa que algunos podrían calificar de casi inexistente por su sencillez, pero que resulta perfecta para sus propósitos: la belleza de la simplicidad y las artes marciales extremas. La historia nos traslada a un lugar identificado simplemente como “algún lugar del sudeste asiático”, un entorno palpable de corrupción y sombras donde el inglés funciona como lengua franca. En este escenario conocemos a Wang Wei (interpretado por Xie Miao, también acreditado como Mo Tse), un hombre de mantenimiento mudo con un pasado misterioso que vive en un modesto apartamento junto a su adorada hija, Rainy (Yang Enyou).

El motor de la trama arranca cuando Rainy es secuestrada por una banda de despiadados traficantes de personas, lo que obliga a Wang a convertirse en una fuerza imparable de brutalidad. Como la policía local es corrupta y no ofrece ayuda, Wang debe emprender su propia cruzada.

Xie Miao y Joe Taslim: el dúo improbable

No lo hará solo. En su camino se une a Navin (Joe Taslim), un periodista de habla fluida y fumador empedernido que busca desesperadamente a su esposa desaparecida, quien estaba investigando la misma red criminal. Esta dinámica de buddy movie ha sido descrita como una mezcla explosiva de gasolina y cerillas: sus estilos de lucha y personalidades no terminan de encajar, lo que añade una capa de tensión emocionante a cada uno de sus encuentros. La fricción entre ambos no solo alimenta la acción, sino que da al filme un latido humano que evita que la sucesión de combates se sienta mecánica.

Xie Miao: del niño prodigio a estrella mundial

Xie Miao ofrece una interpretación física carismática y emotiva que lo posiciona como una estrella de talla mundial. Los aficionados veteranos reconocerán en él al niño prodigio que acompañó a Jet Li en éxitos de los años 90 como My Father is a Hero, y en The Furious demuestra una presencia física capaz de llenar los silencios de su personaje mudo. Mientras que Navin es más controlado y técnico, Wang Wei se mueve como un “animal desjaulado”, un rayo que parece desafiar las leyes de la física, como se aprecia en una escena memorable donde escala una montaña de enemigos mientras los golpea con un martillo.

The Furious - Xie Miao y Yang Enyou
Xie Miao y Yang Enyou.

Tanigaki: coreografía de élite a doble velocidad

La dirección de Kenji Tanigaki, reconocido coreógrafo de Donnie Yen, eleva la película muy por encima de los estándares de Hollywood. Tanigaki diseña sus combates con una mentalidad acrobática donde los luchadores saltan y se elevan mutuamente como en un ballet a doble velocidad, utilizando todo su cuerpo en lugar de limitarse a puñetazos y patadas.

Con acción increíblemente táctica y diversa: se emplean armas no convencionales como picos de hielo, martillos de bola, sillas, botellas de cerveza y hasta motocicletas que se blanden como si fueran espadas en un duelo surrealista y fascinante. Incluso hay una secuencia donde un personaje utiliza el cuerpo de un oponente como si fuera una escoba para barrer a otros. Es esa imaginación sin freno la que distingue a The Furious de la avalancha de imitadores que ha producido el género en la última década.

Compartimos una de las escenas.

Un deleite técnico para los sentidos

Técnicamente, el filme es un deleite para los sentidos, aunque con matices. La cinematografía de Meteor Cheung utiliza tomas horizontales que aprovechan el ancho de la pantalla, permitiendo apreciar progresiones violentas a lo largo de grandes distancias, con una clara influencia de la famosa escena del pasillo de Old Boy, pero con un toque creativo propio. El montaje de Chris Tonick corta las tomas en momentos irregulares que amplifican el impacto de cada ataque y cada defensa. Todo esto está impulsado por una banda sonora de rock pesado compuesta por Flying Lotus, que inyecta una energía frenética a las escenas de combate.

The Furious

No todo es perfección

Sin embargo, no todo es perfección técnica. Uno de los puntos más criticados es el problema del ADR o doblaje. A pesar de ser una producción internacional, el doblaje al inglés resulta forzado y extraño, con movimientos de labios que no siempre coinciden, lo que ha llevado a algunos críticos a sospechar el uso de inteligencia artificial para alterar los movimientos bucales de los actores. Además, aunque la sangre es realista y cruda en la mayoría de las escenas, en ciertos momentos se percibe el uso de CGI que resta algo de peso a la fisicidad del filme.

Villanos de caricatura, muertes viscerales

Los villanos de The Furious merecen una mención especial por su diseño casi de caricatura o de videojuego. Tenemos a Mr. Song, un jefe de banda con sombrero de vaquero y risa maníaca; a Paklung, un criminal de guante blanco que, al quitarse las gafas, lucha con ataques de piernas largas como si fuera un “canguro con traje”; y a Tak, interpretado por el veterano Yayan Ruhian, un asesino silencioso armado con un arco y flechas que maneja con una precisión aterradora. Estos antagonistas son tan detestables que el espectador ansía verlos reducidos a pulpa sangrienta, lo cual ocurre de maneras creativas y viscerales.

Una experiencia comunitaria

El clímax de la película es una apoteosis de la violencia: un enfrentamiento de cinco personas en una estación de policía bajo la lluvia, capturado con planos estilizados que recuerdan a las viñetas de un cómic. Es en estos momentos donde The Furious se convierte en una experiencia comunitaria, diseñada para verse en una sala llena de gente que vitorea, aplaude y jadea ante las hazañas atléticas en pantalla. La película no rehúye la crueldad para justificar su carnicería, estableciendo desde el inicio que los villanos son “lo peor de lo peor”, lo que otorga a los héroes una indignación justa para desatar su furia.

Entrevista exclusiva

Compartimos nuestra entrevista con uno de los protagonistas de The Furious, Joe Taslim.

Veredicto: un paraíso sangriento

A pesar de sus fallas narrativas —un diálogo a veces tosco, una introducción abrupta del villano principal y un epílogo que se siente innecesario y anticlimático—, The Furious triunfa en su objetivo principal: ser un sueño hecho realidad para los adictos a la acción. Es una película que entiende que, en este género, la trama es secundaria frente a la virtuosidad del movimiento y la satisfacción de ver el mal castigado físicamente. Es un festín de huesos rotos y sangre salpicada que recupera el espíritu del cine de acción de la época dorada de Hong Kong. No busques lógica ni realismo profundo; siéntate, disfruta del caos y déjate llevar por esta magia violenta y sangrienta que solo Kenji Tanigaki y su elenco de élite han podido conjurar. Es, en definitiva, un paraíso sangriento.

Calificación: 9 de 10

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