Supergirl: análisis de la apuesta “punk rock” de DC

Tras el prometedor inicio del nuevo Universo DC (DCU) con Superman (2025), las expectativas para su segunda entrega, Supergirl (2026), eran considerables. James Gunn y Peter Safran habían vendido la idea de una reinvención audaz del catálogo de personajes de DC, y la apuesta por un tono distinto en cada película prometía sacudir las convenciones del género de superhéroes.

Dirigida por Craig Gillespie y basada libremente en el aclamado cómic Woman of Tomorrow de Tom King, la película intenta distanciarse del optimismo tradicional del género para ofrecer una visión “punk rock” y cínica de Kara Zor-El. Sin embargo, aunque la cinta cuenta con una interpretación magistral de Milly Alcock, se ve atrapada en una ejecución que muchos críticos describen como plana, genérica y visualmente apagada.

Compartimos su tráiler.

Una premisa fascinante: la kryptoniana que rehúye su poder

La premisa parte de un concepto fascinante. La trama nos presenta a una Kara Zor-El muy distinta a la “superchica” radiante de las viñetas clásicas. Aquí es una joven endurecida por el trauma, que prefiere ahogar sus penas en bares de mala muerte bajo soles rojos que anulan sus poderes. La idea de una heroína kryptoniana que rehúye la luz amarilla que le otorga su poder —y, con ello, la responsabilidad que conlleva— resulta provocadora desde el papel.

Su vida da un vuelco cuando conoce a Ruthye (Eve Ridley), una niña que busca vengar el asesinato de su familia a manos de Krem (Matthias Schoenaerts), un despiadado líder de piratas espaciales que también ha envenenado a Krypto, el superperro. Juntas se embarcan en una odisea galáctica que mezcla elementos del western espacial y el cine de venganza, un cóctel que sobre el papel suena irresistible, pero que en pantalla nunca encuentra el equilibrio adecuado entre sus ingredientes.

Milly Alcock, el alma de la función

Lo más destacable de la producción es, indiscutiblemente, Milly Alcock. La actriz logra imbuir a Kara de una mezcla de aspereza y vulnerabilidad que eleva un guion que, de otro modo, resultaría insuficiente. Hay una rabia contenida en su mirada, una herida que no necesita diálogos expositivos para hacerse evidente, y Alcock la sostiene con una madurez interpretativa notable.

Su dinámica con David Corenswet (Superman), mostrada en fragmentos de flashbacks, subraya la tragedia de su personaje: mientras Clark fue criado con amor en la Tierra, sin recuerdo alguno del mundo que perdió, Kara creció viendo cómo su mundo moría a su alrededor, atrapada en una roca a la deriva mientras el oxígeno se agotaba. Ese contraste es el corazón emocional de la cinta, y cada vez que la película se permite explorarlo, encuentra su mejor versión.

Supergirl

Jason Momoa: el dios del heavy metal que roba escenas

Por otro lado, Jason Momoa como Lobo roba cada escena en la que aparece, aportando una energía de “dios del heavy metal” que inyecta vitalidad a una narrativa por momentos lánguida. El cazarrecompensas intergaláctico es puro espectáculo desbordante, una caricatura andante que parece sacada de otra película más divertida y autoconsciente.

Sin embargo, su inclusión se siente un tanto forzada y pandillera, como si el estudio hubiera insistido en introducir un personaje gancho de cara al futuro del universo compartido, aunque su presencia desestabilice el tono que la propia película intenta construir. Cuando Momoa está en pantalla, Supergirl cobra vida; cuando desaparece, se hace evidente lo apagado que resulta todo lo demás.

Un guion y una dirección que pierden la chispa

Lamentablemente, el filme flaquea en aspectos fundamentales. El guion de Ana Nogueira ha sido criticado por su falta de cohesión y por caer en un “feminismo superficial” de manual, recurriendo a proclamas vacías en lugar de construir una verdadera afirmación de carácter a través de las acciones del personaje. El material de Tom King se distingue precisamente por su densidad emocional y su estructura narrativa cuidadosa, y buena parte de esa riqueza se pierde en la traducción a la pantalla.

Además, la dirección de Gillespie, quien suele brillar con personajes femeninos rebeldes —baste recordar I, Tonya o Cruella—, parece haber perdido su chispa, entregando secuencias de acción obligatorias que no logran emocionar ni imprimir personalidad alguna. Se intuye a un cineasta atrapado por las exigencias de una maquinaria de gran presupuesto que ahoga su voz autoral.

Un apartado visual sin alma y un villano olvidable

A esto se suma un apartado visual decepcionante. La cinematografía es descrita como “drab” (apagada) y mal iluminada, transformando localizaciones cósmicas potencialmente interesantes en vertederos espaciales sin alma. Un relato que viaja por planetas exóticos y paisajes alienígenas debería ser un festín para los sentidos; en cambio, la paleta marrón y grisácea aplana cualquier sensación de maravilla, restando escala y poesía a una odisea que pedía a gritos grandeza visual.

El villano, Krem, a pesar de un diseño visual impactante con perforaciones faciales, resulta ser uno de los antagonistas más olvidables y genéricos de la franquicia. Schoenaerts es un actor de enorme talento, pero el guion no le ofrece más que motivaciones difusas y una amenaza que nunca termina de sentirse real. Sin un antagonista a la altura, la cruzada de venganza que articula toda la trama pierde tensión dramática.

Una película en conflicto consigo misma

El resultado es una película en permanente conflicto consigo misma. Supergirl quiere ser una meditación íntima sobre el duelo y la supervivencia, pero también una aventura desenfadada de acción galáctica, y nunca se decide del todo por ninguna de las dos vías. Esa indecisión tonal contamina el ritmo, que alterna momentos de auténtica emoción con tramos en los que el espectador simplemente espera a que algo memorable ocurra.

Veredicto: potencial desperdiciado

En conclusión, Supergirl es una obra de potencial desperdiciado. Es un viaje que nunca termina de despegar, lastrado por una crisis de identidad que no decide si ser una ópera espacial o un estudio de personaje descarnado. Aunque es una pieza superior a los peores desastres del pasado de DC, queda lejos de la excelencia prometida por Gunn y Safran para esta nueva etapa.

Los espectadores disfrutarán del carisma innegable de Alcock y Momoa, y saldrán convencidos de que la australiana tiene madera para liderar el personaje durante años, pero es posible que olviden la película poco después de salir de la sala. Es, en última instancia, un paso titubeante para el DCU que sobrevive gracias al talento de su protagonista, una promesa que apunta a tiempos mejores siempre que el universo aprenda a confiar en la fuerza de sus historias tanto como en la de sus intérpretes.

Calificación: 7 de 10

Supergirl

Leave a Reply