Había algo mágico en abrir una caja de juguetes de He-Man cuando eras niño. En ese momento, el universo entero de Eternia cabía en tus manos: castillos de plástico, figuras de colores imposibles, villanos con calaveras por rostros. Travis Knight, el director detrás de Bumblebee y la magistral Kubo and the Two Strings, parece haber entendido eso mejor que nadie. Su nueva versión de Masters of the Universe no es simplemente una película de superhéroes con capa espacial —es una carta de amor al niño que alguna vez imaginó mundos mientras sus figuras de acción chocaban entre sí en la alfombra de la sala.
Y funcionó conmigo. Crecí en los ochenta, y ver esta película fue como encontrar ese olor familiar de una caja de juguetes que creías haber olvidado. Me recordó a Flash Gordon, a Krull, a Beastmaster — películas que no se tomaban demasiado en serio pero que tampoco te pedían que las pasaras por alto. Masters of the Universe vive felizmente en esa misma tradición.
La Historia: Sencilla, Efectiva y Honesta
La narrativa no pretende reinventar ningún género ni desafiar al espectador con giros filosóficos. Y eso, lejos de ser una debilidad, es uno de sus mayores aciertos. La acción arranca en Eternia: el malvado Skeletor (Jared Leto) ataca el Castillo de Grayskull para robar la Espada del Poder, y para proteger el reino, los reyes envían a su hijo, el príncipe Adam, a través de un portal interdimensional hacia la Tierra. Específicamente, hacia Oklahoma City.
Ahí pasan quince años. Adam (Nicholas Galitzine) vive como un joven algo perdido, trabajando en una firma de recursos humanos y buscando obsesivamente su espada en foros de internet. Es un detalle absurdo y absolutamente encantador. El guion tiene la inteligencia de justificar los nombres ridículos de los guerreros de Eternia —como Mekaneck o Ram-Man— presentándolos como apodos que el propio Adam les puso de niño, basados en recuerdos dibujados a crayola. Es el tipo de decisión creativa que convierte lo potencialmente vergonzoso en algo genuinamente divertido.
El conflicto se activa cuando Adam recupera la espada y es localizado por la guerrera Teela (Camila Mendes), quien lo conduce de regreso a una Eternia bajo el yugo de Skeletor. Allí, Adam deberá superar sus dudas existenciales y demostrar que merece portar el manto de He-Man.
De He-Man a Skeletor: El Elenco que Hace que Todo Funcione
Nicholas Galitzine es una revelación como Adam/He-Man. Se le podría describir como una masa de músculos con corazón de oro y un toque encantador —guapo, rubio, genuino, con la sinceridad de un niño atrapado en el cuerpo de un guerrero. Galitzine equilibra con notable habilidad la vulnerabilidad de alguien que no pertenece a ningún mundo con la presencia intimidante que requieren las secuencias de acción.
Sin embargo, quien se lleva absolutamente cada escena en la que aparece es Jared Leto como Skeletor. Aunque su rostro está oculto tras una calavera y su voz está distorsionada por efectos digitales, Leto encuentra una extravagancia que recuerda las grandes actuaciones de Tim Curry: amenazante, ridículo y completamente comprometido con el personaje al mismo tiempo. Este Skeletor es un actor de tercera categoría con ínfulas de grandeza, un villano cuyas acciones terminan con frecuencia en humor involuntario. Es el equilibrio perfecto.

El resto del elenco completa el cuadro con eficiencia y carisma. Camila Mendes es una Teela divertida y sólida. Idris Elba aporta un peso emocional real como Duncan, un general hundido en el alcoholismo que debe recuperar su honor. Alison Brie se luce como Evil-Lyn, manteniéndose perfectamente en sintonía con el tono exagerado y colorido del resto de la producción.
Estética y Sonido: El Espectáculo que Prometía Ser
Visualmente, Masters of the Universe es un banquete de colores saturados que evocan directamente las caricaturas originales de Filmation. Knight utiliza una combinación de efectos prácticos y digitales para recrear a los secuaces de Skeletor —Trap Jaw, Beast Man y compañía— manteniéndose fiel a los diseños clásicos de los juguetes de Mattel. La transformación de Cringer en el imponente Battle Cat, un tigre verde gigante de proporciones épicas, es uno de los momentos que más arranca aplausos entre el público. Lo vi en sala llena y la reacción fue unánime.
La banda sonora de Daniel Pemberton merece un reconocimiento especial. Se trata de una epopeya de rock and roll cargada de sintetizadores y guitarras eléctricas de Brian May que no solo acompaña la acción, sino que define el tono entero de la película. La música transforma cada secuencia en una odisea psicodélica que parece salida directamente de la portada de un vinilo de rock de los años ochenta. Es perfecta para el material.
Humor, Identidad y Una Moraleja Digna de He-Man
A pesar de ser un espectáculo diseñado para el entretenimiento masivo, la película se permite momentos de sorprendente autorreflexión. El humor no teme reírse del machismo inherente a la propiedad intelectual original, y ofrece chistes de doble sentido que funcionan especialmente bien para los adultos. Los conocedores de la franquicia disfrutarán especialmente de las bromas internas relacionadas con cierto personaje llamado Fisto.
Pero más allá de los chistes, hay una moraleja genuina que recuerda al espíritu de las enseñanzas que cerraban cada episodio de la serie animada: una invitación a la audiencia masculina a ser menos tóxica y más considerada. El tema central de la búsqueda de identidad —tanto de Adam como de los ciudadanos de Eternia— resuena de manera auténtica. Para resistir la opresión, primero hay que recordar quién eres.

El Punto Débil: El Exceso de Metraje
No todo es perfecto en Eternia. La crítica más unánime apunta a la duración: con aproximadamente 132 minutos, la película se siente excesivamente larga. Un montaje más ajustado de 90 o 100 minutos le habría dado un ritmo más ágil y consistente. Hay secuencias que se sienten apresuradas junto a otras que se extienden de manera innecesaria. Además, aunque los efectos visuales son generalmente sólidos, hay momentos donde el uso de pantalla verde resulta demasiado evidente —especialmente en las secuencias de vuelo— sacando momentáneamente al espectador del mundo de la película.
Veredicto Final
Masters of the Universe es exactamente lo que promete ser: un popcorn movie de gran presupuesto que abraza su propia ridiculez con orgullo. Es una mezcla de Star Wars, El Señor de los Anillos y las caricaturas de los sábados por la mañana, con corazón genuino y suficiente humor para funcionar tanto para los fanáticos veteranos como para los recién llegados a Eternia.
Travis Knight ha creado un filme que, a pesar de sus problemas de ritmo, deja al espectador con una sonrisa y el recuerdo de lo que era perderse en mundos imaginarios cuando niño. Para quienes crecimos en los ochenta, es una visita bienvenida a un lugar que creíamos olvidado.