Martin McDonagh combina la mordacidad cáustica y la violencia repentina de In Bruges con la resignación lírica y la pesadumbre melancólica de The Banshees of Inisherin, y traslada su mirada a los paisajes monumentales de la Isla de Pascua en Wild Horse Nine. El resultado es una tragicomedia sombría, hilarante y profundamente conmovedora sobre la mortalidad, la culpa política y los lazos fracturados de la camaradería masculina. En el centro de este engranaje destacan las interpretaciones portentosas de John Malkovich y Sam Rockwell, ambos en la cúspide de sus carreras.
Entre la intervención política y el destino existencial
La historia se sitúa en 1973, en las semanas previas al golpe militar respaldado por la administración Nixon que derrocaría al presidente socialista Salvador Allende para instaurar la dictadura de Augusto Pinochet. Los agentes de la CIA Chris Carlisle (John Malkovich) y Lee Chesterfield (Sam Rockwell) llevan un año en Santiago operando en la sombra para desestabilizar la democracia chilena. Ante la inminencia del desenlace, su superior, MJ (Steve Buscemi), los envía a la remota Isla de Pascua con el pretexto de contemplar los monumentales Moai y mantenerse lejos de los focos.
Sin embargo, el viaje dista de ser una simple escapada turística. Chris, un agente septuagenario castigado por un cáncer inoperable y un deterioro cognitivo paulatino, ha comenzado a grabar sus memorias en una cinta de casete. La sola posibilidad de que salgan a la luz secretos de Estado desata el pánico de MJ. Esos secretos abarcan intervenciones en Guatemala, Congo, Indonesia y Bahía de Cochinos, e incluso la insinuación de haber facilitado el rifle del asesinato de JFK. Antes de abordar el avión en Santiago, Chris ya genera tensión al charlar despreocupadamente con dos estudiantes universitarias de izquierda, Mónica (Mariana Di Girólamo) y Alicia (Ailín Salas), y deja entrever las maniobras norteamericanas con una soltura desconcertante.
John Malkovich y Sam Rockwell: un dúo para la posteridad

El corazón de la película reside en la química extraordinaria entre sus dos protagonistas. Malkovich firma una de las composiciones más complejas y brillantes de su trayectoria reciente. Lejos de los estereotipos histriónicos que a menudo se le han asignado, dota a Chris Carlisle de infinitas capas. Es un anciano de elegancia arcaica, con trajes a la medida, sombreros pork pie y tirantes, y un rostro que dibuja una constante media sonrisa. Chris es un hombre que nunca necesitó conciencia moral, pero que, al enfrentarse al final de su vida, empieza a lidiar con el remordimiento y la confusión. Alterna chispazos de cinismo aplastante con momentos de vulnerabilidad desoladora.
A su lado, Sam Rockwell encarna a Lee Chesterfield, su antiguo pupilo y compañero de operaciones, un asesino capaz de ejecutar a un objetivo mientras devora una hamburguesa con queso. Rockwell equilibra la agresividad exasperada con una sincera preocupación por su mentor. Las interacciones entre ambos concentran la mordacidad distintiva de McDonagh. Discuten de forma surrealista sobre la superioridad de los quesos de los que llaman “países gay” (Francia, Holanda e Inglaterra), sobre el origen del cóctel Molotov y sobre la extravagante teoría de Chris acerca de si existen dinosaurios en el cielo, el pasaje con el que decide abrir sus memorias.
El reparto secundario complementa con precisión el universo de la cinta. Steve Buscemi ofrece un trabajo impecable como el irritable y desbordado jefe de estación. Parker Posey descuella en breves pero memorables intervenciones telefónicas como Marge, la esposa histérica e infiel de Lee. Tom Waits, por su parte, hace una aparición estelar de una sola escena como el hermano distanciado de Chris, que vive en una cabaña remota en Monument Valley.
Del absurdo beckettiano al wéstern melancólico
McDonagh transforma la intriga de espionaje en una pieza teatral que entronca con el teatro del absurdo de Samuel Beckett y con las claves del wéstern crepuscular. Wild Horse Nine evoca la estructura de títulos como Unforgiven o The Searchers y retrata a dos pistoleros al final del camino que contemplan el saldo de sus vidas sin encontrar más que un reguero de violencia e incompetencia moral. La decadencia física de Chris se refleja en las pequeñas notas manuscritas que guarda en los bolsillos para orientarse durante sus lapsos de memoria, recordatorios tan lacerantes como “Recuerda que estás muriendo” o “No confíes en Lee”.
La narración se vuelve pausada y contemplativa tras la llegada del dúo a su bungalow en Rapa Nui. Allí, las fricciones culturales con los turistas que les corrigen el uso de términos indígenas se intercalan con la relación espiritual que Chris establece con los caballos salvajes de la isla. Las secuencias en las que el anciano espía busca redención frente a estos animales dotan a la obra de un lirismo insólito. Cuando MJ decide volar a la isla para contener la situación, la trama desemboca en un clímax de corte chejoviano. La violencia estalla con inevitabilidad sangrienta, pero sin perder la carga emotiva y resignada que impregna todo el metraje.
Textura visual y sonora: la maestría técnica
En el apartado técnico, la cinematografía de Ben Davis captura la inmensidad insular con una sensibilidad soberbia. Las tomas aéreas con dron del litoral de Rapa Nui, acompañadas por “Island in the Sun” en la voz de Harry Belafonte, crean un contraste cautivador con la podredumbre moral de los personajes. Los Moai se erigen en pantalla como testigos petrificados e impasibles ante la fragilidad humana. La partitura melancólica y elegíaca de Carter Burwell enmarca los giros tonales de la película y subraya la transición constante entre la comedia negra y el drama más doloroso.
El veredicto: una tragicomedia implacable y memorable
Wild Horse Nine confirma a McDonagh como uno de los cronistas más agudos y singulares del cine contemporáneo. Al entrelazar el trasfondo histórico del intervencionismo político con un examen íntimo sobre el envejecimiento y la amistad, la cinta esquiva el panfleto y construye una parábola sombría sobre el arrepentimiento tardío. Apoyado en un dueto interpretativo magistral entre Malkovich y Rockwell, McDonagh entrega una obra mordaz, sangrienta y profundamente conmovedora que perdura en la memoria mucho después de que se apagan las luces de la sala.
Definitivamente, esta película tendrá varias nominaciones, en particular por la actuación de Malkovich. Es altamente recomendada para verla en el cine, pero si no eres un amante del séptimo arte, puedes verla por streaming. Lo importante es que la veas.
Calificación: 3.5 de 5