Borealis: Una apuesta ambiciosa del cine puertorriqueño | Reseña

El cine puertorriqueño continúa en una etapa de búsqueda y expansión, intentando romper con las limitaciones históricas de producción y género que han definido gran parte de su identidad. En ese contexto, Borealis emerge como una apuesta particularmente ambiciosa: una incursión directa en la ciencia ficción, un terreno que rara vez ha sido explorado con consistencia en la Isla. El resultado es una obra que, aunque irregular, representa un esfuerzo genuino por ampliar los horizontes narrativos del cine local.

Una premisa potente que despierta curiosidad

Desde sus primeros minutos, Borealis establece un punto de partida intrigante. Una ráfaga solar de proporciones globales altera el equilibrio del planeta, dando paso a un fenómeno atmosférico que transforma la realidad conocida. En medio de este caos, un grupo de puertorriqueños despierta dentro de una panadería sin memoria alguna, enfrentándose no solo a un entorno hostil, sino también a la incertidumbre de su propia identidad.

Este arranque funciona de manera efectiva. La sensación de desorientación está bien lograda y el espectador comparte esa angustia inicial de los personajes. Hay una clara intención de construir misterio a partir del desconocimiento, utilizando el recurso de la amnesia colectiva como motor narrativo. Durante este primer tramo, la película consigue sostener una tensión constante que invita a seguir descubriendo las reglas de este nuevo mundo.

Compartimos su tráiler.

Un guion que abarca demasiado

Uno de los principales problemas de Borealis radica en su estructura. La película intenta desarrollar múltiples líneas argumentales dentro de un tiempo limitado, lo que inevitablemente provoca que varias de ellas queden superficiales o incompletas. La introducción de los personajes, aunque necesaria, se extiende más de lo debido, retrasando el verdadero conflicto central.

El villano principal, por ejemplo, no hace una aparición significativa hasta el segundo acto, lo que reduce considerablemente su impacto en la narrativa. Esta decisión debilita el clímax, ya que el enfrentamiento final carece del peso emocional y dramático que debería tener.

Además, el guion parece debatirse constantemente entre dos enfoques: una historia de ciencia ficción centrada en un fenómeno global y un drama humano enfocado en conflictos individuales. Esta dualidad no logra integrarse de forma orgánica, generando un desbalance que afecta el ritmo general de la película.

Ciencia ficción vs. drama personal

El elemento más interesante de Borealis —la aurora boreal a escala mundial y sus implicaciones— termina siendo relegado a un segundo plano. En lugar de profundizar en las consecuencias científicas, sociales o incluso filosóficas de este fenómeno, la película opta por centrarse en los conflictos personales de sus personajes.

Si bien este enfoque puede funcionar en formatos más extensos, como series televisivas, en un largometraje resulta limitante. La historia pierde fuerza al no explotar completamente su premisa más atractiva, quedándose a medio camino entre dos géneros sin terminar de dominar ninguno.

Esto no significa que los dramas personales sean irrelevantes. De hecho, algunos de ellos están bien planteados y aportan momentos de genuina emoción. El problema es que nunca logran integrarse plenamente con el conflicto mayor, creando una sensación de fragmentación narrativa.

Actuaciones que elevan el material

Donde Borealis realmente encuentra solidez es en su elenco. Las interpretaciones logran sostener la película incluso cuando el guion flaquea.

  • Gretza Merced Cruz ofrece una de las actuaciones más destacadas como Thalía. Su personaje, marcado por la lucha contra la adicción y el deseo de redención, aporta una dimensión emocional importante. Merced Cruz consigue transmitir vulnerabilidad sin caer en el exceso melodramático, logrando un balance convincente entre fragilidad y determinación.
  • Jorge Alberti, por su parte, interpreta a Cano con intensidad, aunque su personaje sufre de inconsistencias en la escritura. El intento de presentarlo como una figura entrañable no siempre se sostiene, lo que genera cierta desconexión con el espectador.
  • Néstor Rodulfo sobresale como Pagán, probablemente el personaje más memorable del filme. Su interpretación es cruda, incómoda y profundamente efectiva. Representa una presencia perturbadora que añade tensión a cada escena en la que aparece.
  • En cuanto a Omar Torres Molina, su interpretación de Cisco logra trascender el riesgo de caer en lo caricaturesco. Aunque el personaje tiene elementos exagerados, el actor consigue anclarlo en una realidad reconocible, convirtiéndolo en una amenaza creíble.

Dirección y ejecución técnica

Hexian Robles, en su debut como director de largometrajes, demuestra tener intuición narrativa, pero aún se percibe en una etapa de desarrollo en cuanto a lenguaje visual. En un género como la ciencia ficción, este tipo de momentos no solo aportan dinamismo, sino que también ayudan a reforzar el impacto del mundo construido. Aquí, su ausencia se siente.

Un paso imperfecto, pero necesario

A pesar de sus fallas, Borealis no debe ser vista como un fracaso. Por el contrario, representa un intento valioso de expandir las posibilidades del cine puertorriqueño. La simple decisión de apostar por la ciencia ficción ya implica un riesgo significativo dentro de una industria con recursos limitados.

La película logra ofrecer momentos de suspenso efectivos y cuenta con actuaciones que justifican su visionado en pantalla grande. Si bien no alcanza a consolidarse como un referente del género, tampoco representa un retroceso. Y en una industria en crecimiento, eso tiene un peso considerable.

Más que una obra definitiva, Borealis se siente como un experimento: uno que revela tanto el potencial como las limitaciones actuales del cine local. Es un recordatorio de que el progreso no siempre es lineal, pero que cada intento contribuye a construir un camino más amplio.

Conclusión

Borealis es una experiencia que puede resultar difícil de asimilar, especialmente por el nivel de violencia que presenta. Sin embargo, una vez que la narrativa encuentra su ritmo y los personajes comienzan a reconocerse a sí mismos, la película logra llevar al público exactamente hacia donde quiere. Tuve la oportunidad de verla en su premiere, y la reacción de la sala fue elocuente: el tercer acto, en particular, arrancó una respuesta genuina de una audiencia que claramente se lo estaba disfrutando.

Dicho esto, Borealis no es una película perfecta, y sería injusto pretender que lo es. Tiene elementos que podrían haberse desarrollado mejor y decisiones narrativas que invitan al debate. Pero Hexian Robles logró algo que no debe subestimarse: construir un mundo propio y llevarlo a la pantalla grande para que el público puertorriqueño lo habitara y lo disfrutara. Eso, en sí mismo, es un logro.

La ciencia ficción no es un género fácil, y menos en el contexto de nuestra industria local. Pero hay que reconocer y aplaudir el atrevimiento de traer algo distinto a nuestras salas. Intentarlo ya es un acto de valentía.

No es la revolución que el género necesita en Puerto Rico, pero sí un paso en la dirección correcta.

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